Favor, no hiperventilar.

Ask me anything   Sobre el ser una camisa que brilla en búsqueda de un pantalón que brille, sobre los asuntos con el azúcar y un par de peperas más que hacen que hiperventile.

Persona dos: Isa le puso su apellido a su gato, dice que es su hijo.
No me acuerdo la primera vez que la vi, fue en un evento al que asistí con mis peperas y ella con sus muñecos, me acuerdo de los muñecos y ella de las peperas, lo demás es alucinación. Lo cierto es que meses después nos sentamos en un café a hablar nuestras cosas, así que conocerla era inevitable. Debatimos. Nos reímos. Trató de convencerme con sus historias de viajar por el mundo y conocer hombres que después olvidaría. Me convenció pues. Y después se fue.
Fue extraño, cuando empezaba a quererla se me escapó. Y vivimos nuestras vidas separadas hasta que un día me invitó a visitarla en Bogotá -entonces, ninguna de las dos sabía la influencia que tendría ese día en mi vida. Así que ésta es la historia sobre cómo fui a parar allá, con ella.
Isa tiene su apartamento decorado con figuras de Star Wars, cojines de Andy Warhol, figuritas de ferias de artesanía y adornos que todas sus visitas le han llevado, así que nada tiene sentido y todo tiene sentido. Tiene una cama gigante que compartió conmigo para que no durmiera en el sofá. También tiene una cafetera que quemé cuando fui a verla, y lo que hizo fue reírse por horas de mi cara de angustia.
Siempre dice “¡hermoso!” cuando ve un perro o un gato en la calle y se ríe como niña feliz. Todos sus zarcillos están impares. No quiso abrazarme cuando me iba así que tuve que obligarla; es de esas personas que finge tener todo bajo control pero creo que secretamente espera que la obliguen a dar abrazos. Espero poder ir a obligarla pronto, y querer juntas la ciudad.

Persona dos: Isa le puso su apellido a su gato, dice que es su hijo.

No me acuerdo la primera vez que la vi, fue en un evento al que asistí con mis peperas y ella con sus muñecos, me acuerdo de los muñecos y ella de las peperas, lo demás es alucinación. Lo cierto es que meses después nos sentamos en un café a hablar nuestras cosas, así que conocerla era inevitable. Debatimos. Nos reímos. Trató de convencerme con sus historias de viajar por el mundo y conocer hombres que después olvidaría. Me convenció pues. Y después se fue.

Fue extraño, cuando empezaba a quererla se me escapó. Y vivimos nuestras vidas separadas hasta que un día me invitó a visitarla en Bogotá -entonces, ninguna de las dos sabía la influencia que tendría ese día en mi vida. Así que ésta es la historia sobre cómo fui a parar allá, con ella.

Isa tiene su apartamento decorado con figuras de Star Wars, cojines de Andy Warhol, figuritas de ferias de artesanía y adornos que todas sus visitas le han llevado, así que nada tiene sentido y todo tiene sentido. Tiene una cama gigante que compartió conmigo para que no durmiera en el sofá. También tiene una cafetera que quemé cuando fui a verla, y lo que hizo fue reírse por horas de mi cara de angustia.

Siempre dice “¡hermoso!” cuando ve un perro o un gato en la calle y se ríe como niña feliz. Todos sus zarcillos están impares. No quiso abrazarme cuando me iba así que tuve que obligarla; es de esas personas que finge tener todo bajo control pero creo que secretamente espera que la obliguen a dar abrazos. Espero poder ir a obligarla pronto, y querer juntas la ciudad.

— 1 year ago
#personas